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No soy la licenciada que esperaban, pero soy la repostera que elegí ser (con título y todo)

Si me hubieran preguntado hace unos años a qué me iba a dedicar “cuando fuera grande”, seguramente hubiera respondido algo muy formal:

“Seré abogada. De las buenas. Con título, cédula, tacones, y una oficina con mi nombre en la puerta.”

Y la verdad… así fue.

Me gradué con excelencia académica, fui de esas alumnas aplicadas que hacen todo bien: tareas, exámenes, presentaciones, debates, todo. Soy perfectamente capaz de ejercer mi carrera. Lo tengo claro. No hubo fracaso, ni decepción, ni “hubiera”. Pero un día, decidí tomar otro camino. Y lo tomé porque quise, no porque me obligaron, ni porque “ya no me quedó de otra”.

Hoy me dedico a la repostería, a crear recetas, a grabar videos, a compartir trucos de cocina, a hablar de hogar, de vida y de sazón. Y no, no estoy “desperdiciando mi carrera”. Estoy usando lo que aprendí desde otro lugar. Porque sorpresa:

Ser abogada también me sirve aquí.

Leo contratos de colaboraciones como quien lee sentencias.

Negocio con marcas sin miedo (y con fundamentos).

Y cuando alguien intenta pasarse de listo con derechos, usos o licencias… bueno, ya saben cómo termina esa historia.

No dejé de ser la mujer capaz, estructurada y profesional que me formó la universidad. Solo que ahora lo aplico a mi ritmo, con mis reglas… y con olor a vainilla.

Y sí, a veces veo a excompañeros de carrera que están ejerciendo formalmente. Con oficina, horarios, trajes y todo lo que manda el manual de “éxito profesional tradicional”. Y está bien, si eso los hace felices. Pero también me pregunto, sin juicio pero con curiosidad:

¿Están ahí porque lo eligieron… o porque no vieron otra salida?

¿Porque les apasiona… o porque “para eso estudiaron”?

Lo digo con respeto, pero también con sinceridad: a veces veo en sus rostros esa mirada apagada, esa rutina que carcome, ese sueldo Godín que apenas les deja respirar, esa vida que parece armada por default. Como si se hubieran subido a un tren del que ya no pueden bajarse… solo porque así “tenía que ser”.

Y no, no cualquiera se atreve a cambiar.

No cualquiera tiene el valor de escuchar su instinto y decir: Esto ya no me queda.

No cualquiera se permite reinventarse sin culpa.

Y si tú estás leyendo esto y te pesa no estar ejerciendo “lo que estudiaste”, quiero decirte algo:

No estás fallando. Estás tomando decisiones valientes.

Tu carrera no te define. Lo que haces con lo que sabes, eso sí importa.

Y si un día decides cambiar de rumbo, que sea porque lo elegiste, no porque te obligaron.

¿Y tú? ¿Te dedicas a lo que estudiaste? ¿Te pesa haber tomado otro camino? ¿Te cuestionas a veces lo que “hubieras” hecho?

Cuéntamelo en los comentarios o en redes. Porque este espacio no es solo para compartir recetas, también es para hablar de la vida, de los giros inesperados y de lo que se cocina cuando seguimos lo que nos hace vibrar.

Firmado:

Alejandra, la abogada que cambió los códigos por las cucharas… y no se arrepiente ni tantito.

2 thoughts on “No soy la licenciada que esperaban, pero soy la repostera que elegí ser (con título y todo)

  1. Hola Ale, deja te cuento que hace 20 años, con 43 encima y dos adolescentes, quedé desempleada. No te imaginas lo frustrante y desesperante que fue cuando ya nadie me contrataba. Soy secretaria bilingüe, en mi carrera llegué a nível gerencial. El trancazo del desempleo me pegó durísimo. Un día tope con uno de tus videos de bolis y ahí me fuí. Entonces cambié mis tacones y trajes, por tenis y un mandil. Felizmente me seguí con la repostería. Me decía «si ella puede, yo también» y aquí sigo. Haciendo bolis y pasteles.. Nunca dejaré de agradecerte todo lo que compartes. A Dios gracias, por ese día en que topé con tu video. Saludos afectuosos.

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