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Descubrir tus superpoderes (aunque la vida te tenga contra las cuerdas)

A veces me escriben mujeres que están pasando por momentos bien difíciles: la economía apretada, el corazón apachurrado, la mente hecha bolas. Y entre sus mensajes, hay algo que se repite:

“Ale, es que tú sí sabes hacer las cosas. A mí no me sale nada.”

Y yo pienso: ¿Cómo que no sabes hacer nada? ¿De verdad crees que solo cuentan los talentos con diploma o con millones de seguidores? No, mi reina. Aquí vamos a hablar de superpoderes, y sí: tú tienes más de uno.

🔥 Spoiler: no todos los superpoderes se ven en Instagram

No necesitas hacer pasteles de cinco pisos o tener el refri acomodado por colores para ser una mujer valiosa. ¿Sabes qué también es un superpoder?

Levantarte todos los días aunque sientas que el mundo pesa una tonelada. Saber hacer rendir el súper de la semana como si fueras economista profesional. Escuchar sin juzgar, incluso cuando tú también estás rota. Tener la paciencia de esperar a que tu hija adolescente te hable… algún día. Ser la que junta las piezas cuando todos en casa están en crisis. Hacer que un cumpleaños con $200 pesos parezca una fiesta de Pinterest. Armar un desayuno con “puro poquito” y que encima sepan pedirte la receta. Saber cuándo callarte y cuándo levantar la voz. Tener el don de abrazar con la mirada. Y sí, también se vale que tu superpoder sea hacer los mejores roles de canela del mundo.

💪 Los superpoderes no siempre hacen ruido

Mira, te voy a decir algo con cariño, pero sin anestesia:

Ya estuvo bueno de pensar que todas las demás tienen su vida resuelta menos tú.

A veces solo estamos viendo el highlight de alguien más mientras nosotras estamos en el detrás de cámaras, con la cara lavada y la olla a presión silbando de fondo.

Pero eso no significa que no seas capaz. Significa que estás tan ocupada haciendo magia todos los días que ni cuenta te has dado.

🌱 ¿Y si no sé cuál es mi superpoder?

Tranquila. No todos brillan igual.

El mío, por ejemplo, es resolver. Me dan un problema y ya estoy pensando en cómo darle la vuelta. También sé liderar, organizar, llevar la batuta… aunque a veces no quiera.

Pero también hay superpoderes silenciosos, modestos, esos que no hacen escándalo pero sin los que el mundo se caería:

Ser constante cuando todo el mundo abandona. Tener una fe que sostiene. Saber cuándo descansar sin sentir culpa. Sostener una familia, una rutina, un negocio, una misma.

✨ No se trata de ser la mujer maravilla

Se trata de reconocer lo que ya eres.

Y si estás pasando por una etapa difícil, si la mente no te da, si el alma está cansada… eso también es parte del proceso. El dolor no te hace menos capaz. Solo te está pidiendo que te escuches.

Así que hoy, nada más por hoy, te invito a hacer una pausa y pensar:

¿Cuál es ese superpoder que me acompaña cada día, aunque nadie lo aplauda?

Y si no lo sabes todavía, aquí estaré para ayudarte a descubrirlo.

Pero eso sí: no me digas que no tienes ninguno, porque ahí sí voy y te jalo las orejas.

Con cariño (y algo de sarcasmo),

– Alejandra de Nava 🧡

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Incertidumbre: el deporte extremo que nadie nos dijo que íbamos a practicar

Si hay algo que viene incluido en el paquete de ser mujer, mamá, ama de casa y/o emprendedora, es la incertidumbre. No importa cuánto planeemos, siempre hay algo que nos toma por sorpresa: el niño que amanece con fiebre justo cuando tenías una entrega importante, la lavadora que decide morir el día que lavaste todas las sábanas, o ese mes en el que vendiste menos de lo que esperabas y empiezas a cuestionarte si tu negocio realmente va a despegar o si fue solo un arrebato de optimismo (cortesía de tu crisis existencial número 3 del mes).

La incertidumbre es esa amiga tóxica que se sienta a nuestro lado y nos susurra: ¿y si todo sale mal? Como si no tuviéramos ya suficientes cosas en la cabeza. Pero, aunque a veces nos haga sentir como si estuviéramos en un juego de Jenga donde cada decisión podría derribar todo, la verdad es que podemos aprender a lidiar con ella sin perder la cordura (o al menos no del todo).

1. Aceptar que el control es una ilusión (y soltarlo un poquito)

Nos vendieron la idea de que si planeamos lo suficiente, todo saldrá bien. Spoiler: eso es mentira. Podemos hacer listas, horarios y presupuestos, pero siempre habrá imprevistos. Aceptar que no todo depende de nosotras es liberador (aunque duela un poquito al principio). No se trata de no hacer planes, sino de ser flexibles cuando las cosas no salen como esperábamos.

2. Miedo a emprender: ¿y si mejor me quedo como estoy?

El miedo al fracaso es real. Nos aterra invertir tiempo, dinero y energía en algo que no sabemos si funcionará. Pero, ¿sabes qué es peor que fracasar? No intentarlo y quedarte con la duda eterna de qué habría pasado si hubieras tenido tantito más valor. Así que sí, puede que tu primer intento no sea un éxito rotundo, pero de cada tropiezo se aprende. Y si todo falla, mínimo tendrás anécdotas para contar (y un máster en resolución de problemas).

3. Cuando la incertidumbre se disfraza de maternidad

Ser mamá es básicamente un curso avanzado de manejo de crisis. Nunca sabes cuándo te va a tocar un brote de varicela, una rabieta en medio del súper o una llamada de la escuela diciendo que hubo un pequeño accidente en el recreo (y tú ya estás imaginando una escena de hospital cuando en realidad solo se raspó la rodilla). Aprender a respirar hondo y confiar en que estás haciendo lo mejor que puedes es clave.

4. Las finanzas y el “¿y si no me alcanza?”

Si eres de las que hacen malabares con el presupuesto del hogar, seguro conoces la incertidumbre financiera. Un mes te sientes una Kardashian y al siguiente te preguntas si vender tu alma en Amazon es opción. Aquí el truco es tener un colchón financiero, aunque sea pequeño, para esos imprevistos. Y, sobre todo, no caer en la trampa de los “gastos pendejos” (sí, ese jarrón en oferta no era una inversión, amiga).

5. Confianza en ti misma: tu mejor arma contra la incertidumbre

Al final del día, la incertidumbre no se va a ir, pero podemos aprender a convivir con ella sin que nos paralice. Confía en que tienes la capacidad de salir adelante, de resolver problemas y de adaptarte. Porque si algo nos ha enseñado la vida es que, aunque todo parezca desmoronarse, siempre encontramos la forma de levantarlo de nuevo (y si no, al menos sabemos fingir que todo está bajo control mientras tomamos café y respiramos profundo).

Así que la próxima vez que la incertidumbre te ataque con sus ¿y si…?, respóndele con un “¿y si todo sale bien?”. Porque, al final, la única forma de saberlo es seguir avanzando.

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No, no quiero estar ocupada todo el tiempo (aunque a veces lo esté)

Últimamente he estado en modo intensito. Trabajo, hijos, casa, proyectos, contenidos, pendientes y más trabajo. Me han dicho cosas como “¡Qué bárbara, cómo le haces para rendir tanto!” o “Seguro tú ya te acostumbraste a vivir así”. Y aunque agradezco que me lo digan con cariño, les voy a confesar algo: no es algo a lo que aspiro. Ni tantito.

Sí, mi rutina es pesada. Y sí, me levanto temprano y me duermo tarde. Pero no porque me guste sufrir ni porque crea en esa idea romántica de que entre más trabajo, más valgo. Lo hago porque mi esposo y yo estamos trabajando para lograr metas específicas, que en este momento requieren un esfuerzo extra. Es un sprint, no un maratón. Al menos, eso espero.

Hace poco vi una imagen que decía:

“Trabaja mientras otros duermen. Estudia mientras otros se divierten. Persiste mientras otros descansan… y luego no tendrás salud para hacer ni miér…”

Y me dio risa, pero también un poquito de tristeza, porque es verdad. Estamos tan acostumbradas a creer que estar cansadas es símbolo de éxito, que se nos olvida que también vinimos a disfrutar. A caminar sin culpa. A tomar una clase de pintura sin pensar en la comida. A viajar con la familia sin que el trabajo te respire en la nuca.

En terapia entendí algo importante: yo tenía un tema con el descanso. O mejor dicho, con el “no hacer nada”. En mi casa, cuando era niña, se veía mal descansar. Si eran las tres de la tarde de un lunes y por alguna razón tu cuerpo te pedía recostarte, lo hacías con miedo de que tu mamá entrara y te viera acostada. Y si escuchabas que venía, te parabas de golpe y fingías que estabas “haciendo algo”, porque quedarse quieta no era una opción.

Descansar era casi un acto de rebeldía, porque la idea era que solo quien está ocupada merece aprobación. Pero esa idea no nació en mí, la aprendí. Y quizás mi mamá también la arrastraba de su propia historia, sin darse cuenta.

Hoy hago un esfuerzo consciente por normalizar esos espacios de descanso. Por entender que sí estoy haciendo algo importante cuando descanso: estoy cuidando mi cuerpo, mi mente, mi energía. Estoy previniendo el colapso.

El trabajo dignifica, claro que sí. Y más si haces algo que te gusta. Pero eso no significa que tengamos que vivir al borde del colapso para sentirnos valiosas. La pausa también tiene su lugar. El descanso también es un logro.

Hoy por hoy, mi rutina es intensa. Pero no es para siempre. Sueño con ese día en que pueda levantarme sin prisa, cocinar por gusto y no por contenido, y tener tiempo de calidad sin estar haciendo malabares con el reloj. No quiero que el trabajo me absorba tanto que me olvide de vivir.

Así que si tú también estás en una etapa intensa, te abrazo. Pero si crees que ese ritmo es lo “normal” o lo que deberías aguantar siempre, replanteátelo. Tu salud, tu paz mental, tu disfrute diario valen tanto como tus pendientes.

Y por cierto, si hoy no hiciste todo lo que “tenías que hacer”, pero dormiste rico, te reíste con tus hijos o tomaste un café en silencio, igual fue un día productivo. Aunque no lo puedas medir en pendientes tachados.

Así que si estás en una temporada exigente, respira. Recuerda que no viniste a esta vida a ganarte el descanso, sino a vivirla también. El descanso no se justifica: se necesita. Y no, no eres floja por hacer una pausa. Eres sabia.

Con cariño,

Alejandra de Nava

Porque a veces, parar también es avanzar.

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El “Cómo sí”: 10 formas reales de vender postres desde casa (aunque tengas hijos, calor y cero ganas de salir)

Todas hemos estado ahí: con ganas de empezar a vender algo para ganar un dinerito extra (o un dinerote), pero la mente nos suelta su repertorio completo de ”¿y si no se vende?”, “¿y si me piden lejos?”, “¿y si hace calor y se me derrite el chocolate?” o el clásico ”¿y si los niños no me dejan?”.

Spoiler: si dejamos que ese “y si…” mande, nunca haremos nada.

Aquí no venimos a alimentar los pretextos, sino a decirte cómo sí puedes emprender desde tu cocina, aunque tengas poco tiempo, energía a medias y cero presupuesto para publicidad. Aquí van 10 formas realistas, probadas por esta señora que escribe (hola), para que dejes de pensarlo y lo hagas.

1. Entrega a domicilio: sí, incluso con calor

¿Ideal? Que todos vinieran a tu casa. ¿Realidad? La venta se cierra cuando tú se lo llevas. Pero ve el lado positivo: si estabas pensando en hacer ejercicio, la caminata te cuenta, y si hace calor, ponte una gorra, lleva agua o saca el paraguas. ¿Cansado? Claro. Pero menos cansado que seguir sin vender nada. Encuentra el “cómo sí”. Hazlo.

2. Publica en los grupos de Facebook de tu colonia (y sé constante)

Facebook no es magia… es constancia. Publica 3 o 4 veces al día en horarios estratégicos. Si vendes desayunos, madruga. Si vendes postrecitos, la tarde es tu mejor amiga. Recuerda que en Facebook los posts se van para abajo, así que si no te ven hoy, tal vez te vean a la próxima… pero tienen que verte seguido.

3. Acepta múltiples formas de pago (y no te quejes)

Eres la responsable de que se concrete la venta, así que no hay lugar para “no tengo cambio” o “me pagó con un billete de $500 y yo no tengo suelto”. ¿Y qué si lo hizo para cambiarlo? ¡Tú ya vendiste! Mientras entre el dinero, lo demás es logística. Ten opciones: efectivo, transferencia, CoDi, banco A y banco B si se puede.

4. Pregunta con qué billete te van a pagar

Punto práctico: evita dramas y lleva el cambio justo. Pregunta antes, ahorras tiempo, evitas enojos, y quedas como una profesional. Nadie quiere salir con postres y regresarse con deuda.

5. Usa WhatsApp como herramienta de marketing

Guarda el contacto de cada cliente y diles que verán tus productos en tus estados de WhatsApp. Es como tener un aparador, pero en su bolsillo. Si les gustó tu gelatina o tu flan, van a estar esperando el siguiente estado.

6. Crea un mensaje listo… ¡o una imagen en Canva!

Ten un mensajito bien armado con tus datos de pago, dirección, horarios y preguntas frecuentes. Y si quieres lucirte más, haz una imagen bonita y clara en Canva (es gratis y fácil de usar). Ahí puedes poner toda la info en un solo lugar: método de pago, contacto, entrega, etc.

7. Usa envases prácticos pero lindos

No necesitas cajas de lujo. Solo que se vea limpio, cuidado y tentador. Puedes imprimir etiquetas sencillas con tu nombre o red social. Es marketing casero pero efectivo.

8. Tus hijos no son el obstáculo (a veces son tus aliados)

Sí, tener niños en casa complica las cosas, pero también puede ser una oportunidad. Que te ayuden a poner etiquetas, a revolver la mezcla (si ya están grandes), o simplemente enséñales que estás trabajando y que eso también es importante. Ellos también aprenden viendo que tú haces que las cosas pasen.

9. Cuenta tu historia

Conecta desde lo real. Di por qué empezaste, qué sueñas, qué te inspira. La gente no solo compra postres, compra personas con las que conectan. No necesitas ser famosa, necesitas ser auténtica.

10. Empieza aunque no esté perfecto

¿Tu cocina no es Pinterest? ¿Tu receta aún la estás afinando? ¿No tienes logo? Hazlo igual. Mejora en el camino. La acción imperfecta vence a la planeación eterna. Hoy es mejor que “algún día”.

Y una extra, porque tú y yo sabemos que lo vas a hacer bien:

No te creas los cuentos trágicos de tu mente. Sí, puede dar miedo. Sí, hay esfuerzo. Pero si no lo haces tú, ¿quién? Y si no es hoy, ¿cuándo? Haz lo que puedas con lo que tienes… pero hazlo

Así que ya lo sabes: no se trata de tener todo resuelto, se trata de empezar. Porque vender desde casa no es fácil, pero tampoco imposible. Y si ya tienes las ganas, lo demás se aprende, se ajusta y se mejora sobre la marcha.

Hazlo con miedo, con calor, con hijos, con dudas… pero hazlo.

Porque sí se puede, y tú puedes.

Con cariño y muchas cucharadas de realidad,

Alejandra de Nava

Creadora de contenido, señora orgullosa y aliada del “cómo sí”

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¿Casa limpia o cordura? Trucos realistas para mantener el orden sin perder la cabeza

Sabemos que teóricamente la limpieza del hogar debería ser responsabilidad compartida. Pero si estás leyendo esto, es probable que tú seas la que carga con la mayor parte del asunto… y encima con cara de “yo feliz, gracias”. Por eso, aquí van algunos trucos realistas para que tu casa se mantenga limpia o al menos funcional, sin que termines odiando tu vida ni fregando como Cenicienta.

1. El truco de los 15 minutos

Ponte un temporizador y dedícale solo 15 minutos a recoger lo más urgente. Suena absurdo, pero da resultados. Si lo haces dos veces al día (mañana y tarde), es como hacerle microterapia al caos.

2. Organiza por zonas, no por perfección

En vez de querer dejar toda la casa impecable, enfócate en una sola zona al día: hoy la cocina, mañana la sala, pasado el baño. Un poco cada día suma más que una jornada de limpieza que te deja agotada y de malas.

3. Un trapito en cada baño

Deja un trapito (o toallita vieja) debajo del lavabo. Cada vez que entres y veas la mancha de pasta de dientes o el espejo salpicado, le das una pasadita exprés. Sin drama, sin cubeta, sin jornada de limpieza extrema.

4. Todo tiene su lugar (aunque sea feo)

Más que esconder, se trata de asignar un lugar para cada cosa. Aunque no sea el Pinterest de tus sueños, mientras sea práctico y accesible, sirve. No vivas recogiendo lo mismo veinte veces al día.

5. Delegar aunque sea a fuerzas

¿Tienes hijos? Que recojan su tiradero. ¿Pareja? Que se haga cargo de UNA cosa diaria. ¿No quieren? Pues que se aguanten si no hay calcetines limpios. Tú no eres el hada mágica del hogar.

6. Haz un “limpia esto o no hay cena”

Funciona con niños, adolescentes y hasta maridos. Si el comedor está lleno de cosas, no se sirve comida. Sencillo, claro y directo. ¿Quieren comer? Pues limpien.

7. Limpia lo necesario, no lo invisible

Si nadie va a abrir ese cajón lleno de papeles viejos esta semana, NO LO LIMPIES. Enfócate en lo que realmente impacta tu día a día. Guarda tu energía para lo importante.

8. Ten tu kit de “emergencia visitas”

Una escoba, un aromatizante, un trapo y una vela bonita. Pero ojo: no es para fingir, es para dar una buena primera impresión sin sacrificar tu salud mental. Tu casa no es un museo, y se vale que se note que ahí vive gente real.

9. Acepta que la perfección no existe

Hay temporadas (niños chiquitos, trabajo, enfermedad, estrés) donde el desorden no se va. Haz las paces con eso. Tu valor no se mide en pisos brillantes ni en camas bien tendidas.

¿Tú tienes algún truco para que no se te venga la casa encima? Cuéntamelo en los comentarios o en Instagram, me encanta saber que no estoy sola en esta batalla silenciosa contra el desorden.

Firmado:

Alejandra, la señora que prefiere una casa viva antes que una casa impecable (pero con gritos).

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¿Cuál harina uso? Guía realista para no perderse entre la harina fuerte, leudante, bizcochona y la que sí venden en el súper

Seguro te ha pasado: buscas una receta de pastel, galletas o pan en internet y de pronto aparece algo como “harina de fuerza”, “harina bizcochona”, “harina tres ceros”, “harina para repostería”…

Y tú ahí, parada en el pasillo del súper con tu carrito y cara de:

“¿Y eso con qué se come?”

La realidad es que en México la clasificación de harinas no es la misma que en España, Argentina o Estados Unidos. Aquí nuestras harinas no traen nombres tan bonitos ni etiquetas claras… pero eso no quiere decir que no podamos usarlas bien.

Así que aquí te va una guía práctica, sencilla (y sin necesidad de hacer un diplomado en panadería), para que sepas cuál harina usar según lo que vas a preparar, y cómo identificarla en el súper.

1. ¿Pan con levadura? Busca una harina “fuerte” (y sí la hay, solo hay que saber leer)

Si tu receta lleva levadura seca, instantánea o fresca —como en pan de caja, roles de canela, pizza, conchas, bolillos o pan dulce—, entonces necesitas una harina con alto contenido de proteína, porque eso te dará estructura y elasticidad.

¿Cómo saberlo en el súper?

Fácil: voltea el paquete y checa la tabla nutricional.

Busca el apartado de proteína por cada 100 g.

Si tiene 11 g o más, es una harina fuerte. Si tiene 13 g o más, ya estás en modo panadería profesional.

Ejemplos comunes de uso: pan de muerto, conchas, pizza casera, pan tipo brioche.

2. ¿Pasteles, bizcochos o panes esponjosos? Usa harina con menos proteína

Para hacer pasteles ligeros, pan de tres leches, pastel esponja, panqué suave, cupcakes o cualquier cosa que NO lleva levadura sino polvo para hornear o bicarbonato, lo ideal es una harina suave, con menos proteína.

¿Qué buscar?

Revisa que tenga menos de 11 g de proteína por cada 100 g. Idealmente, que tenga entre 8 y 9 g.

Esto ayuda a que tu pastel no quede duro ni chicloso, y tenga una miga suave y aireada.

Tip extra: Si solo tienes harina con más proteína, puedes “suavizarla” tamizándola varias veces y añadiendo un poco de fécula de maíz (tipo Maizena).

3. ¿Harina leudante? En México casi no se encuentra, pero la puedes hacer tú

En algunas recetas extranjeras (sobre todo de Reino Unido o EU) te van a pedir “self-raising flour” o harina leudante. Esta harina ya incluye polvo para hornear, así que no se usa con levadura.

¿Cómo la haces tú en casa?

Por cada taza (120 g aprox.) de harina:

Añade 1 ½ cucharadita de polvo para hornear Y ¼ de cucharadita de sal

Y listo, tienes tu versión casera.

4. ¿Harina tres ceros, cuatro ceros, bizcochona, etc.? No te compliques (estás en México)

Estos nombres son clasificaciones que se usan en otros países (especialmente en Europa y Sudamérica), pero en México casi no se manejan así.

¿Mi consejo?

No te estreses buscando una harina “0000” si estás en Tlajomulco o cualquier ciudad de este país. Mejor usa la tabla nutricional y el contexto de la receta para decidir qué harina te conviene.

5. ¿Y si solo tengo “harina de trigo de todo uso”?

No pasa nada. La mayoría de las recetas caseras mexicanas están pensadas para esa harina común.

Solo adapta según el tipo de preparación:

¿Es un pan con levadura? Úsala tal cual, y si puedes, añade una cucharadita de gluten si tienes. ¿Es un pastel esponjoso? Tamízala bien y considera sustituir parte con fécula de maíz.

En resumen rápido (y para llevar):

Pan con levadura = harina con +11g de proteína Pasteles y bizcochos = harina con -11g de proteína Harina leudante = se puede hacer en casa Ceritos y clasificaciones exóticas = no te estreses, mejor lee etiquetas Harina de todo uso = sí sirve, solo adáptala

¿Tú también te has hecho bolas con el tema de la harina?

Cuéntame en los comentarios o en redes, y si tienes tips extra, compártelos. Aquí todas estamos para aprender, no para pretender que lo sabemos todo.

Firmado:

Alejandra, la señora que aprendió a leer etiquetas porque el empaque no siempre dice la verdad

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Recetas copiadas: ¿inspiración, coincidencia o copy-paste con descaro?

En días recientes, la comunidad de cocina en redes estuvo en fuego alto por un chisme internacional que, más allá del morbo, nos deja mucho para reflexionar. Una repostera americana publicó un recetario digital que se volvió viral… y millonario. Tan millonario que se estima vendió cerca de 4 millones de dólares (sí, con seis ceros).

Hasta ahí todo bien. El problema fue cuando una creadora australiana levantó la mano y dijo: Oigan, esas recetas son mías. Literalmente mías. Copiadas palabra por palabra. No adaptadas, no inspiradas, no reinterpretadas. Tal cual. Copy, paste y a vender.

Ahora bien, técnicamente las recetas no se pueden registrar con derechos de autor (a menos que hablemos de la redacción o el formato del libro). Pero aquí el asunto no es legal. Es ético. Porque una cosa es que varias personas tengamos versiones parecidas de una receta de brownies —porque seamos realistas, los ingredientes no son secretos militares—, y otra muy distinta es que alguien tome tu receta, tu redacción, tus instrucciones paso a paso… y lo publique como si lo hubiera creado desde cero, con cara de chef iluminada por la inspiración divina.

Y aquí va mi postura (por si quedaba duda):

Sí, las recetas se pueden compartir. Si la receta está copiada íntegramente asegúrate de dar los créditos, pero si se trata de un recetario con el que generarás alguna ganancia, procura darle tu toque, adaptación y estilo, por ética, no por temas legales en los que te puedas meter, escudarse en eso es un argumento pobre.

Ahora bien, también quiero decir algo que para mí es importante, porque sería muy fácil subirme a este tren de indignación y hacer como que yo siempre lo he hecho perfecto. Y no.

Yo también cometí ese error.

Cuando empecé a crear contenido, muchas veces subía recetas que venían de libros, de otras creadoras, de blogs o de mi mamá… y no me tomaba el tiempo de dar crédito. No lo hacía con mala intención, pero tampoco con la conciencia que tengo ahora. En ese momento, no veía el trabajo detrás. No entendía el valor que tiene una explicación bien pensada, una foto paso a paso, un texto claro. Lo aprendí con los años, cuando vi el esfuerzo que implica crear contenido propio y original. Y cuando me di cuenta de lo feo que se siente que alguien lo copie sin mencionar ni una palabra.

Así que esta conversación también es una invitación a revisar nuestros propios hábitos como creadoras y como audiencia:

¿Hasta dónde es válido inspirarse en otras recetas?

¿Hay dueños de las recetas?

¿Deberíamos dar crédito cuando tomamos ideas de alguien más?

¿O vivimos en la era de “todo es de todos porque es internet”?

Yo, personalmente, creo en compartir, en inspirarnos unas a otras, en dar ideas, en mostrar nuestro sazón. Pero también creo en el respeto al trabajo ajeno. En el “oye, esta receta me inspiró fulanita”, o “vi algo parecido en tal blog y lo adapté a mi estilo”.

Y porque en esta era de cancelaciones, un copy-paste malintencionado puede costarte mucho más que una receta robada: puede costarte tu reputación.

¿Y tú qué opinas?

¿Te parece que las recetas deben compartirse libremente?

¿Crees que hay que dar créditos o eso es exagerar?

¿Tú qué harías si ves que alguien copió tu trabajo sin mencionarte?

Cuéntamelo aquí o en redes. Me interesa saber tu postura, y también saber que no soy la única que ha aprendido (a veces por las malas) el valor de hacer las cosas con ética.

Firmado:

Alejandra, la señora que alguna vez copió sin saber… pero que ahora cuida el crédito como si fuera manteca buena: con respeto y sin desperdiciar.

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No soy la licenciada que esperaban, pero soy la repostera que elegí ser (con título y todo)

Si me hubieran preguntado hace unos años a qué me iba a dedicar “cuando fuera grande”, seguramente hubiera respondido algo muy formal:

“Seré abogada. De las buenas. Con título, cédula, tacones, y una oficina con mi nombre en la puerta.”

Y la verdad… así fue.

Me gradué con excelencia académica, fui de esas alumnas aplicadas que hacen todo bien: tareas, exámenes, presentaciones, debates, todo. Soy perfectamente capaz de ejercer mi carrera. Lo tengo claro. No hubo fracaso, ni decepción, ni “hubiera”. Pero un día, decidí tomar otro camino. Y lo tomé porque quise, no porque me obligaron, ni porque “ya no me quedó de otra”.

Hoy me dedico a la repostería, a crear recetas, a grabar videos, a compartir trucos de cocina, a hablar de hogar, de vida y de sazón. Y no, no estoy “desperdiciando mi carrera”. Estoy usando lo que aprendí desde otro lugar. Porque sorpresa:

Ser abogada también me sirve aquí.

Leo contratos de colaboraciones como quien lee sentencias.

Negocio con marcas sin miedo (y con fundamentos).

Y cuando alguien intenta pasarse de listo con derechos, usos o licencias… bueno, ya saben cómo termina esa historia.

No dejé de ser la mujer capaz, estructurada y profesional que me formó la universidad. Solo que ahora lo aplico a mi ritmo, con mis reglas… y con olor a vainilla.

Y sí, a veces veo a excompañeros de carrera que están ejerciendo formalmente. Con oficina, horarios, trajes y todo lo que manda el manual de “éxito profesional tradicional”. Y está bien, si eso los hace felices. Pero también me pregunto, sin juicio pero con curiosidad:

¿Están ahí porque lo eligieron… o porque no vieron otra salida?

¿Porque les apasiona… o porque “para eso estudiaron”?

Lo digo con respeto, pero también con sinceridad: a veces veo en sus rostros esa mirada apagada, esa rutina que carcome, ese sueldo Godín que apenas les deja respirar, esa vida que parece armada por default. Como si se hubieran subido a un tren del que ya no pueden bajarse… solo porque así “tenía que ser”.

Y no, no cualquiera se atreve a cambiar.

No cualquiera tiene el valor de escuchar su instinto y decir: Esto ya no me queda.

No cualquiera se permite reinventarse sin culpa.

Y si tú estás leyendo esto y te pesa no estar ejerciendo “lo que estudiaste”, quiero decirte algo:

No estás fallando. Estás tomando decisiones valientes.

Tu carrera no te define. Lo que haces con lo que sabes, eso sí importa.

Y si un día decides cambiar de rumbo, que sea porque lo elegiste, no porque te obligaron.

¿Y tú? ¿Te dedicas a lo que estudiaste? ¿Te pesa haber tomado otro camino? ¿Te cuestionas a veces lo que “hubieras” hecho?

Cuéntamelo en los comentarios o en redes. Porque este espacio no es solo para compartir recetas, también es para hablar de la vida, de los giros inesperados y de lo que se cocina cuando seguimos lo que nos hace vibrar.

Firmado:

Alejandra, la abogada que cambió los códigos por las cucharas… y no se arrepiente ni tantito.

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Manifestar no es magia… es trabajo con buena actitud (y a veces con las manos llenas de harina)

Desde hace un tiempo, se ha puesto muy de moda eso de “manifestar”. Y sí, confieso que yo también creo un tanto en ello. Creo en el poder de visualizar, de creer en una misma, de hablar bonito de lo que una quiere lograr. Pero también creo en algo que no siempre se menciona cuando hablamos de manifestar: el trabajo que hay detrás.

Porque no, manifestar no es sentarte con una vela aromática, repetir “soy abundante” tres veces y esperar a que el universo toque la puerta con una Thermomix en brazos.

Lo digo con cariño, pero también con un poco de risa (porque en serio lo he visto):

Hay gente que piensa que manifestar es como hacer magia: cierras los ojos, lo deseas mucho… y puf, aparece el millón de seguidores, la casa Pinterest, la agenda llena de marcas y la vida resuelta. Como si el universo fuera Amazon Prime con entrega inmediata.

Pero no. No funciona así.

O al menos, yo no conozco a ninguna persona realmente abundante y exitosa que se haya quedado solo en el deseo.

Las personas más manifestadoras que conozco —y me incluyo—, suelen ser:

Trabajadoras. Enfocadas. Positivas, sí… pero realistas. Y con una constancia que no se rinde al primer intento fallido ni al algoritmo malhumorado.

En mi caso, por ejemplo, sí visualicé este proyecto de vida:

Vivir de mi contenido, hacer recetas, trabajar desde casa, colaborar con marcas, compartir desde mi cocina, hacer comunidad.

Pero también me desvelé editando videos, estudié contratos para cuidar mi trabajo, invertí en equipo, compré cosas que parecían “innecesarias”, aprendí lo que no sabía y, lo más importante, no solté el camino cuando parecía lento o dudoso.

Manifestar es importante, claro.

Pero no se manifiestan resultados desde la flojera.

Ni desde la queja.

Ni desde la idea de que la abundancia se debe sin compromiso.

Se manifiesta cuando una cree…

pero también cuando una le entra con todo, aunque huela a mantequilla y esté cansada.

¿Y tú qué opinas?

¿Crees en la manifestación? ¿Te ha funcionado? ¿O sientes que se ha distorsionado mucho el concepto?

Cuéntamelo aquí en los comentarios o en redes. Me encantará leer tu experiencia.

Aquí hablamos de recetas, sí… pero también de lo que se cocina dentro de una cuando decide vivir distinto.

Firmado:

Alejandra, la señora que manifiesta… pero también trabaja como si no hubiera manifestado nada.

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“Haz lo que amas” (y prepárate para odiar unas cuantas cosas en el camino)

Cuántas veces hemos escuchado la frase mágica: “Haz lo que amas y no trabajarás ni un solo día de tu vida.”

Bueno, pues yo no sé tú… pero a mí a veces me dan ganas de ponerle sal de grano a esa frase y freírla en aceite bien caliente.

No me malinterpretes, me encanta cocinar. Es mi pasión. Amo estar en la cocina, experimentar con ingredientes, grabar recetas, compartirlas con ustedes y leer sus comentarios: desde los amorosos hasta los que me preguntan si mis recetas son “las originales”. (Sí, tú, Marta, te estoy viendo).

Pero eso no significa que todo lo que involucra hacer lo que amo sea mágico, ligero y lleno de brillantina.

Porque sí, hago lo que me apasiona, pero también:

Leo contratos que parecen escritos en otro idioma; me siento en juntas eternas que pudieron ser un correo; hago cotizaciones, ajustes a las cotizaciones, cotizaciones con desglose y cotizaciones “nomás pa’ tener una idea”; trato con marcas que quieren pagar en “exposición”; lucho contra el algoritmo de Instagram como si fuera una villana de novela; y a veces termino comiendo a las 4 de la tarde, fría, una receta que grabé a las 10 a.m.

Eso también es parte de hacer lo que amas. Nadie te lo dice cuando te venden la idea de “trabaja en lo que te apasiona”.

Y está bien. Porque una cosa no cancela a la otra.

La pasión no viene sola (y no todo tiene que encantarte)

Pensar que si algo te apasiona todo tiene que gustarte, es como creer que si te gusta la maternidad nunca vas a querer esconderte en el baño cinco minutos en silencio.

Es una idea medio tóxica, muy romantizada, y que en realidad, nos exige más de lo que da. Porque, ¿qué pasa cuando un día no estás motivada? ¿Te sientes culpable? ¿Piensas que ya no es tu pasión? ¿Que estás fallando?

Spoiler: no estás fallando, estás viviendo.

Y vivir lo que te apasiona también incluye hacer cosas que no son tan divertidas, y que aún así, son necesarias.

Se necesita tolerancia a la frustración (y café… mucho café)

Hacer lo que amas requiere más que pasión:

Requiere constancia Requiere aprender cosas nuevas que a veces no querías aprender (¡hola, SAT!) Requiere tolerar momentos de frustración sin tirar la toalla Requiere lidiar con días malos, comentarios injustos, juntas pesadas y decisiones difíciles

Y requiere aceptar que hacer lo que amas, también es trabajo. Y como cualquier trabajo, tiene partes lindas, y otras que simplemente… son parte del combo.

Entonces, ¿vale la pena?

Totalmente.

Pero vale más la pena cuando dejas de exigirle a tu pasión que sea perfecta todo el tiempo.

Cuando aprendes a encontrarle sentido incluso a las partes que no disfrutas tanto.

Y cuando te permites tener días no tan brillantes sin sentirte una impostora.

Así que si tú también estás haciendo lo que amas, pero de pronto te dan ganas de apagar todo y hacerte la desaparecida: te entiendo.

No estás sola.

Y no, no significa que ya no te apasiona. Significa que eres humana. Y que estás trabajando. En lo que amas… pero también en lo que cuesta.

Y eso, queridas, también merece su propio aplauso.

Con amor

Alejandra de Nava.

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Rutina: Ese “mal necesario” que aprendí a querer

Si hay algo que muchas veces odiamos con ganas, es la rutina. Ese loop infinito de despertarse, hacer el café, trabajar, cocinar, lavar trastes, dormir, repetir… A veces parece que estamos atrapadas en el Día de la Marmota versión mexicana, pero sin la opción de rebobinar y hacerlo mejor.

Y sin embargo… ¿qué pasa cuando la rutina se rompe? Ahí es cuando nos damos cuenta de que, en el fondo, la necesitamos. Porque la rutina, aunque a ratos nos parezca monótona, también nos da orden, nos da estructura y—lo más importante—nos da un respiro del caos absoluto. He pasado por momentos tan difíciles en la vida que hoy valoro profundamente el simple hecho de que las cosas vayan “como siempre”. Que haya comida en la mesa, que mi casa funcione, que mi familia tenga estabilidad.

¿Cómo aprender a valorar la rutina sin morir de aburrimiento?

1. Cambia la perspectiva: La rutina no es el enemigo; es el andamio que sostiene tu vida. Si todo fuera caos y sorpresa, estaríamos viviendo en una telenovela de drama sin fin.

2. Agrégale algo que te emocione: No tiene que ser una cosa radical, pero una rutina con un toque personal es más llevadera. Puede ser ese cafecito en paz antes de que todos despierten o un episodio de tu serie favorita mientras doblas la ropa (en lugar de odiar doblar la ropa).

3. Aprovecha su estabilidad para planear cosas nuevas: Si ya tienes tu día organizado, puedes encontrar espacios para aprender algo, empezar un proyecto o simplemente tener un momento para ti (sí, ¡tú también importas!).

4. Date permiso de romperla de vez en cuando: Que la rutina sea tu aliada no significa que sea una dictadora. Si un día decides cambiar el menú, comer fuera o ignorar la pila de ropa sucia una noche, no pasa nada.

5. Aprecia los pequeños momentos de normalidad: Si todo va según lo planeado, si no hubo desastres ni emergencias, si pudiste cerrar el día con un poco de paz, ¡ya ganaste!

Al final, la rutina es como un buen fondo musical en la película de nuestra vida: no siempre la notamos, pero sin ella todo se sentiría raro y fuera de lugar. Así que, en lugar de odiarla, aprendamos a jugar con ella, sacarle provecho y hasta agradecerle que nos mantiene con los pies en la tierra… aunque sea solo para luego correr descalzas cuando queramos romperla un ratito.

Con amor

Alejandra de Nava.

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Hábitos Atómicos en la Cocina: Pequeños Cambios que Transforman tu Día

Si algo sabemos las que pasamos tiempo en la cocina es que ahí se reflejan muchos de nuestros hábitos. Desde cómo organizamos los ingredientes hasta cómo manejamos los tiempos de cocción, todo es un reflejo de pequeñas decisiones que tomamos sin darnos cuenta. Y justo de eso trata el libro Hábitos Atómicos de James Clear: de cómo los cambios pequeños y constantes pueden generar un impacto enorme en nuestra vida.

Así que hoy quiero platicarte cómo podemos aplicar esos principios en la cocina, en el ahorro y en la limpieza del hogar, para que el día a día sea más fácil y disfrutable. Porque, seamos honestas, entre la rutina, el trabajo y la familia, lo que más queremos es eficiencia sin perder el amor por lo que hacemos.

1. La Regla del 1% en la Cocina: Pequeños Cambios, Grandes Resultados

Clear nos dice que mejorar solo un 1% cada día puede hacer una diferencia enorme con el tiempo. En la cocina, esto puede traducirse en algo tan simple como:

• Pre-cortar y almacenar ingredientes: Un día dedicas 10 minutos extra a picar cebolla y ajo para la semana. Ese pequeño esfuerzo te ahorrará tiempo y te motivará a cocinar más casero en vez de pedir comida rápida.

• Organización estratégica: Si cada día mejoras un poco el orden de tu despensa o refrigerador, pronto notarás que reduces desperdicio y haces que cocinar sea más fluido.

2. Haz que el Buen Hábito Sea Inevitable

James Clear sugiere que si quieres adoptar un hábito, lo hagas tan fácil y accesible como sea posible. En la cocina y el hogar, esto puede ser:

• Utensilios a la vista: Si quieres cocinar más seguido en casa, deja a la mano tus herramientas clave (tabla de cortar, cuchillo favorito, especias más usadas). Esto elimina fricción y hace que la acción suceda sin esfuerzo.

• Recetas listas: Si sueles preguntarte “¿qué hago de comer?”, tener un menú semanal o una lista de recetas fáciles a la vista (¡como las que compartimos en este blog!) te ahorra estrés y decisiones de último minuto.

3. Elimina los Malos Hábitos con Pequeñas Barreras

No se trata solo de crear hábitos nuevos, sino de eliminar los que nos afectan. Algunas ideas:

• Menos desperdicio, más ahorro: Si quieres evitar que ciertos ingredientes se echen a perder, colócalos en la parte frontal del refrigerador o en un canasto de “úsese pronto”. Si está a la vista, lo usarás antes.

• Menos suciedad, más orden: Un truco infalible es limpiar sobre la marcha. Si acostumbras a dejar todo para después, prueba hacer pequeños cambios, como lavar un plato mientras esperas que hierva el agua.

4. La Recompensa Inmediata: Disfrutar el Proceso

Para que un hábito se quede, necesitamos sentir una recompensa. ¿Y qué mejor recompensa que disfrutar la cocina sin estrés?

• Si el orden en la cocina te agobia, date 5 minutos después de cada comida para limpiar solo una cosa: la estufa, la mesa o los platos. Poco a poco, mantener todo impecable será automático.

• Celebra las pequeñas victorias: cada comida casera es un triunfo, cada peso ahorrado es un avance, cada día con menos desperdicio es un éxito.

Conclusión: Una Cocina, un Hogar, un Negocio Más Eficiente

Si eres emprendedora en el mundo de los alimentos, aplicar estos hábitos no solo mejorará tu hogar, sino también tu negocio. La constancia, la organización y la optimización de recursos hacen la diferencia entre un día caótico y uno productivo.

Recuerda: el cambio no se da de un día para otro, pero esos pequeños hábitos diarios harán que cocinar, ahorrar y limpiar se sientan más ligeros y hasta placenteros. Así que dime, ¿qué pequeño hábito puedes empezar hoy?

Déjame tu comentario, ¡me encantará leerte!

COMIDA MEXICANA · Sin categoría · TIPS

Cuaresma y comida: entre la fe, la tradición y el antojo de una buena capirotada ✝️🍽️

Llegó esa época del año en la que los viernes huelen a pescado frito, las abuelas desempolvan sus recetas de tortitas de camarón, y en cada esquina alguien está vendiendo capirotada con la promesa de que “así la hacía mi abuelita”. Sí, hablamos de la Cuaresma, esa temporada en la que, dependiendo de a quién le preguntes, puede ser un acto de fe, una costumbre familiar o simplemente la excusa perfecta para disfrutar de la gastronomía sin carne roja.

¿Por qué no se come carne en Cuaresma? 🤔

La tradición católica dicta que durante los viernes de Cuaresma (y el Miércoles de Ceniza) se debe evitar la carne roja como acto de penitencia y reflexión. ¿La razón? Se cree que la carne representa los placeres terrenales y renunciar a ella es un pequeño sacrificio. Pero seamos sinceros, con la cantidad de delicias que surgen en estas fechas, esto no suena precisamente a sacrificio… más bien a un festín alternativo. 😏

Los platillos tradicionales de Cuaresma en México 🇲🇽

Si algo nos queda claro es que en México la comida siempre encuentra la manera de ser protagonista, y la Cuaresma no es la excepción. Aquí algunos de los platillos que han pasado de generación en generación y que siguen reinando en las mesas durante esta temporada:

🐟 Pescado a la veracruzana

Un clásico infalible: pescado bañado en una salsa de jitomate con aceitunas, alcaparras y especias. Si lo acompañas con arroz, es un manjar digno de cualquier viernes de Cuaresma.

🍤 Tortitas de camarón con nopales

Crujientes por fuera, suavecitas por dentro y nadando en un caldito de chile guajillo que es puro amor en cada cucharada.

🌽 Caldo de habas

Una opción reconfortante, perfecta para esos días en los que el clima no sabe si quiere ser invierno o primavera.

🥑 Ensalada de nopales

Fresca, ligera y llena de sabor. Y lo mejor: fácil de hacer y perfecta para acompañar cualquier platillo.

🍞 Capirotada

Porque en Cuaresma también se vale el postre. Pan dorado, bañado en miel de piloncillo, con pasas, nueces, queso y un toque de canela. ¿Sacrificio? No lo creo.

¿Se ha perdido la tradición?

Con el paso de los años, muchas costumbres han cambiado. Antes, la Cuaresma era casi un mandato familiar: si vivías en casa de tu abuela, no había forma de que un viernes comieras carne sin que te lanzara una mirada fulminante. Hoy, muchas personas lo viven de manera diferente; algunas siguen la tradición por fe, otras simplemente disfrutan la gastronomía de la temporada, y unas más ni siquiera se enteran de que estamos en Cuaresma hasta que llegan al restaurante y ven el “Menú especial de Vigilia”.

Lo cierto es que, más allá de las creencias personales, es interesante ver cómo la comida sigue siendo un reflejo de nuestra cultura. Porque al final, la gastronomía es memoria, historia y hasta identidad. Y, seamos sinceros, ¿quién le dice que no a un buen pescado zarandeado o a unas tortitas de papa bien doraditas? 😋

¿Y tú? ¿Sigues la tradición o solo vienes por la comida?

Cuéntame en los comentarios si en tu familia todavía se respetan estas costumbres o si simplemente aprovechas la excusa para disfrutar de estos platillos. ¡Nos leemos! 👇💬

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Bicarbonato y vinagre: el dúo engañoso de la limpieza

Si alguna vez te dijeron que mezclar bicarbonato y vinagre es la solución mágica para limpiar todo en casa, lamento ser la portadora de malas noticias: te han engañado. Sí, ya sé, suena drástico, pero aquí estamos entre amigas, y alguien tenía que decirlo.

Porque seamos sinceras, nos encanta la espuma. Esa efervescencia burbujeante nos da la ilusión de que la suciedad está siendo eliminada en un espectáculo químico impresionante. Pero la realidad es que lo único que estamos haciendo es jugar a ser científicas, porque esa reacción no limpia ni desinfecta, solo es una bonita explosión de burbujas.

Entonces, ¿por qué no sirven juntos?

La clave está en la química. El bicarbonato de sodio es básico, mientras que el vinagre es ácido. Cuando los mezclamos, ocurre una reacción que libera dióxido de carbono (CO₂) y agua, pero eso neutraliza ambos ingredientes, dejando un líquido salado y sin ningún poder limpiador. Es decir, el gran espectáculo burbujeante se ve increíble, pero no limpia nada.

Si de verdad fueran tan poderosos juntos, ya habrían reemplazado todos los productos de limpieza del súper, pero spoiler alert: no lo han hecho.

Lo que sí hacen (pero por separado)

Ahora, antes de que me crucifiquen, aclaremos algo: el bicarbonato y el vinagre sí sirven para limpiar, pero cada uno por su cuenta.

✔️ El bicarbonato de sodio es un abrasivo suave, ideal para eliminar manchas difíciles y absorber olores. Puedes usarlo en sartenes quemadas, como desodorante para el refri o para lavar trastes con grasa.

✔️ El vinagre es un excelente desinfectante y desincrustante. Sirve para eliminar sarro, quitar malos olores y limpiar vidrios sin dejar residuos.

Pero cuando los mezclas… pues básicamente te quedas con un agua con sal y muchas ganas de creer que limpiaste algo.

Conclusión: rompamos el ciclo de la mentira

Si te gusta la espuma y los experimentos de química, adelante, sigue mezclándolos (total, es divertido). Pero si lo que quieres es una limpieza real y efectiva, mejor usa cada uno por separado, en el momento y lugar correctos.

Así que la próxima vez que veas a alguien recomendando esta combinación como el santo grial de la limpieza, hazle un favor y pásale este blog. Entre todas podemos romper este mito y limpiar de verdad. ¡Porque para burbujas inútiles, mejor un baño de espuma con velas y un vino en la mano!

Con cariño

Alejandra de Nava

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La checklist del súper que todas necesitamos (porque siempre se nos olvida algo)

Seguro te ha pasado: vas al súper confiando en que te acordarás de todo, recorres los pasillos sintiéndote en control y echando cosas al carrito. Pero, justo cuando llegas a casa, te das cuenta de que olvidaste lo más básico. ¡¿Cómo es posible que no trajiste huevos, servilletas o la crema para el café?!

Sabemos que hacer una lista antes de salir es lo ideal, pero recordar todo lo que falta es complicado. A veces lo anotamos mentalmente, otras lo pensamos cuando estamos cocinando, y al final confiamos en que “seguro nos acordamos en el súper”… hasta que nos damos cuenta de que no.

Para evitar esos olvidos (y las idas de emergencia al Oxxo), aquí te dejo una checklist súper completa que puedes guardar en tu celular o pegar en el refri para que siempre tengas a la mano lo que realmente necesitas.

🛒 Checklist completa para el súper

🥑 Frutas y verduras

✅ Plátanos, manzanas, peras, fresas

✅ Jitomates, cebollas, chayotes, zanahorias

✅ Papas, aguacates, limones

✅ Lechuga, espinacas, brócoli

✅ Ajo, cilantro, perejil

🍗 Proteínas y lácteos

✅ Pollo, carne de res, cerdo

✅ Pescado, atún en lata

✅ Huevos

✅ Queso (panela, Oaxaca, manchego)

✅ Crema, leche o bebida vegetal

✅ Yogurt natural y de sabores

🥖 Pan, cereales y harinas

✅ Pan de caja, pan dulce

✅ Tortillas de maíz y harina

✅ Avena, amaranto

✅ Harina de trigo, maíz, hot cakes

✅ Pan molido

🥫 Despensa y enlatados

✅ Arroz, frijoles, lentejas, garbanzos

✅ Pastas (espagueti, coditos, fideos)

✅ Aceite (oliva, vegetal, de coco)

✅ Caldo de pollo en polvo o cubos

✅ Chiles enlatados (jalapeños, chipotles)

✅ Elotes, frijoles y verduras enlatadas

✅ Atún, sardinas

🧂 Especias, salsas y condimentos

✅ Sal, azúcar, endulzantes

✅ Pimienta, comino, orégano

✅ Canela, clavo, laurel

✅ Vinagre, mostaza, mayonesa, catsup

✅ Salsas (inglesa, de soya, Valentina)

✅ Chiles secos (guajillo, ancho, pasilla)

🍯 Untables y endulzantes

✅ Mermeladas, crema de avellanas

✅ Miel de abeja y de maple

✅ Cajeta, leche condensada y evaporada

🍪 Snacks y antojos

✅ Galletas dulces y saladas

✅ Chocolate, barras de granola

✅ Nueces, almendras, cacahuates

✅ Papas fritas, churritos

✅ Gelatinas, postres listos

☕ Bebidas

✅ Café, té, chocolate en polvo

✅ Jugos, aguas frescas

✅ Refrescos, leche saborizada

🛁 Cuidado personal y limpieza

✅ Shampoo, acondicionador, jabón

✅ Pasta de dientes, enjuague bucal

✅ Toallas femeninas, tampones

✅ Desodorante, crema corporal

✅ Papel de baño, toallas húmedas

✅ Detergente, suavizante

✅ Jabón para trastes, fibra o esponjas

Tip extra para no olvidar nada

Lleva esta lista en tu celular y márcala conforme agregues cosas al carrito. Y si eres de las que recuerda lo que falta justo cuando ya pagaste, haz una lista en la cocina y anota las cosas en cuanto se vayan terminando.

Con esta checklist, tu ida al súper será más rápida, organizada y sin sorpresas al llegar a casa. ¡Felices compras!

Con cariño

Alejandra de Nava.

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Las Amas de Casa Podemos Cuidar la Economía Familiar sin Sacrificar el Sabor

Si eres la persona encargada de hacer la comida en casa, sabes que la alimentación es una de las partidas más importantes del presupuesto familiar. Pero también es una de las más flexibles, porque con un poco de estrategia, podemos hacer rendir el dinero sin sacrificar el sabor ni la calidad de lo que servimos en la mesa.

A veces, pensamos que comer rico y variado significa gastar mucho, pero la realidad es que con organización y algunos cambios de hábitos, podemos preparar platillos deliciosos sin que el bolsillo sufra. Aquí te comparto 10 estrategias que me han ayudado a optimizar el gasto en comida y que, con el tiempo, pueden convertirse en una rutina que beneficie tu economía familiar.

1. Compra en mercados y tianguis

Los supermercados pueden ser cómodos, pero en los tianguis y mercados locales encuentras mejores precios, productos más frescos y la oportunidad de negociar. Además, comprar a pequeños productores ayuda a la economía local.

2. Prefiere productos de temporada

Las frutas, verduras y hasta algunos pescados y carnes son más baratos y sabrosos en su temporada. Si compras lo que está en su mejor momento, ahorrarás y comerás mejor.

3. Planea tu menú semanal

Hacer una lista de comidas para la semana evita compras impulsivas y reduce el desperdicio de alimentos. Además, puedes planear recetas que compartan ingredientes para aprovechar al máximo cada producto.

4. Compra a granel

Los productos como arroz, frijoles, avena, especias y harinas son más baratos cuando se compran a granel. También evitas pagar por empaques innecesarios y compras exactamente lo que necesitas.

5. Aprovecha los productos genéricos o de marca libre

Muchos productos de marca blanca o genérica son igual de buenos que los de marca comercial, pero a un precio mucho menor. Haz la prueba con básicos como leche, azúcar, harina o productos de limpieza.

6. Reduce el consumo de productos ultraprocesados

Las galletas, cereales de caja, refrescos y comidas congeladas no solo son más caros, sino que muchas veces son menos saludables. Preparar en casa snacks y bebidas naturales es más económico y nutritivo.

7. Aprende a almacenar bien los alimentos

Muchas veces tiramos comida porque no sabemos conservarla correctamente. Congelar verduras, aprovechar los frascos para almacenar cereales o guardar hierbas frescas en agua puede hacer una gran diferencia en la duración de los productos.

8. Cocina en cantidad y haz rendir las sobras

Si preparas frijoles, caldo o salsas, haz una porción extra y guárdala en el refrigerador o congelador. También puedes transformar las sobras en nuevos platillos, como convertir un guiso en quesadillas o una sopa en una crema con un toque de leche o queso.

9. Reemplaza ingredientes caros por opciones más accesibles

Si una receta lleva un ingrediente costoso, piensa en alternativas más baratas. Por ejemplo, en vez de almendras, usa cacahuates; en lugar de carne todos los días, incorpora más lentejas y frijoles.

10. Evita las compras innecesarias y antojos costosos

Si vas al súper con hambre o sin lista, es más fácil caer en tentaciones. Lleva siempre una lista de lo que realmente necesitas y busca opciones económicas antes de decidirte por una marca en particular.

Haciendo pequeños cambios y convirtiéndolos en hábitos, podemos cocinar de manera rica, nutritiva y económica. No se trata de privarnos, sino de comprar con inteligencia y aprovechar cada peso. La cocina es un espacio de creatividad, y ahorrar no significa comer mal, sino saber elegir mejor.

Si tienes algún otro consejo que te haya funcionado, ¡compártelo en los comentarios! Entre todas, podemos ayudarnos a mejorar la economía del hogar sin dejar de disfrutar de la comida.

GALLETAS

Besos de pistache (galletas)

Un giro inesperado a un clásico mexicano

En el mundo culinario, la tradición y la innovación se entrelazan para dar vida a platillos llenos de historia y sabor. Hoy, te invito a embarcarte en un viaje gastronómico a través de una receta que fusiona lo mejor de dos mundos: la clásica galleta mexicana «besos de nuez» y el exótico sabor del pistache.

Los «besos de nuez» son un postre emblemático de México, presente en las mesas familiares desde tiempos inmemoriales. Su textura crujiente por fuera y suave por dentro, combinada con el dulce encanto de la nuez, los convierte en un verdadero manjar. Sin embargo, ¿te has imaginado darle un toque inesperado a esta receta?

Es aquí donde entran en juego los «besos de pistache», una variante que no solo sorprende al paladar, sino que también aporta un sinfín de beneficios para la salud. El pistacho, conocido como el «oro verde», es un fruto seco originario de Medio Oriente, venerado por su sabor único y sus propiedades nutritivas.

Su color verde intenso nos regala una pista de su riqueza en antioxidantes, los cuales combaten los radicales libres y protegen nuestras células. Además, el pistache es una fuente inagotable de vitaminas y minerales, incluyendo vitamina E, magnesio, potasio y fibra.

Pero no solo sus beneficios para la salud lo convierten en un ingrediente ideal. Su sabor sutilmente dulce, con un toque terroso y una textura crujiente, lo convierte en un complemento perfecto para la repostería.

INGREDIENTES

  • 170 g de pistaches con sal (el peso es sin contar la cáscara)
  • 240 g de harina de trigo de todo uso (2 tazas)
  • 1/4 de cucharadita de sal
  • 1/4 de taza de azúcar glas (35 gramos)
  • 226 g de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
  • 1 cucharadita de vainilla
  • taza de azúcar glas para cubrir las galletas

PREPARACIÓN

  1. Pon una sartén a fuego medio, coloca los pistaches ya pelados, revuelve ocasionalmente hasta que queden ligeramente tostados.
  2. Con un cuchillo, pica finamente los pistaches hasta que queden casi pomo polvito (puedes auxiliarte de un procesador o la licuadora.
  3. En un tazón grande, combina los pistaches picados, la harina, ¼ de taza de azúcar glas y la sal. Revuelve para combinar.
  4. Agrega la mantequilla y la vainilla a los ingredientes secos. Con tus manos limpias combina los ingredientes y amasa solo hasta formar una bola, es normal que se pegue un poco a tus manos.
  5. Cubre con un plástico y enfría la masa durante 30 minutos para evitar que se extienda demasiado al hornear las galletas.
  6. Precalienta tu horno a 180ºC. Cubre una charola para hornear grande con papel pergamino.
  7. Desenvuelve la masa fría y toma porciones del tamaño de 1 cucharada (yo las hice de 22 g cada una). Enrolla las porciones en bolitas suaves y colocalas en la charola para hornear, dejando aproximadamente 2 cm de espacio entre cada bola de masa para que circule el calor.
  8. Si al terminar de formar las bolitas notas que la masa esta aguada otra vez lleva de nueva cuenta al refrigerador para que tomen firmeza y de esta forma evitar que pierdan la forma esférica.
  9. Hornea en el centro de tu horno precalentado a 180ºC durante 12 a 15 minutos, si las dejas más tiempo se pueden resecar y quedar duras.
  10. Al salir del horno déjalas enfriar durante 5 minutos en la charola para hornear. Luego, revuelca las galletas con azúcar glas para cubrir el exterior. Es útil utilizar un tenedor para este paso.
  11. Coloque las galletas sobre una rejilla y déjalas enfriar completamente a temperatura ambiente antes de servir. Si notas que el azúcar se ha humedecido, puedes agregar ligeramente las galletas en azúcar glas de nueva cuenta.
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Quesadillas con papa y espinacas

Un sabor hogareño con toque especial

Como muchas de ustedes, soy una mujer ocupada que busca soluciones prácticas en la cocina. Un día, mientras revisaba la despensa de último momento para hacer el desayuno me encontré con algunas papas que estaban a punto de echarse a perder y unas hojas de espinacas que me habían sobrado de un gran paquete que compre en Costco. En ese momento, la inspiración me llegó: ¿por qué no combinar estos dos ingredientes en una quesadilla?

Dicho y hecho. Me puse manos a la obra y en cuestión de minutos tenía unas quesadillas doradas y crujientes listas para disfrutar. El resultado fue tan delicioso que no pude evitar compartirlo con mi familia y amigos, quienes también quedaron encantados con esta nueva creación.

Lo que me encanta de esta receta es su sencillez. No se necesitan ingredientes extravagantes ni técnicas culinarias complicadas. Solo papas, espinacas, queso, tortillas y un poco de mantequilla, y listo. Además, es una excelente manera de incorporar verduras a la dieta de una manera sabrosa y atractiva, incluso para los niños más reacios a comer vegetales.

Las quesadillas de papa con espinacas son perfectas para cualquier ocasión. Se pueden servir como desayuno, almuerzo, cena o incluso como snack. Son ideales para llevar al trabajo, a la escuela o a un picnic. Y lo mejor de todo es que son muy versátiles, por lo que pueden personalizarlas a su gusto.

Pueden agregar otros ingredientes como cebolla, chorizo, champiñones o rajas poblanas. También pueden experimentar con diferentes tipos de queso, como queso cheddar, queso mozzarella o queso fresco.

No importa cómo las prepares, estoy segura de que estas quesadillas se convertirán en un nuevo favorito en su hogar. Así que anímense a cocinar y a disfrutar de este delicioso y sencillo platillo.

INGREDIENTES:

  • 500 g de papas cocidas en agua con sal
  • 2 cucharadas de mantequilla
  • 1 cucharadita de sal
  • 1/2 cucharadita de pimienta molida
  • 3 cucharadas de crema ácida
  • 1 1/2 tazas de espinacas picadas
  • 1/4 de taza de mantequilla derretida
  • 3 tazas de queso manchego, gouda o cheddar rallado
  • 12 tortillas de harina

PREPARACIÓN:

Lava y pela las papas, corta en pedazos y pon en una olla con agua suficiente para cubrirlas; añade una cucharada de sal y pon a fuego alto hasta que queden suaves para luego escurrir y transferir a un recipiente.

Añade la mantequilla, sal, pimienta negra molida y crema; machaca un poco paes formar un puré, no es necesario que quede terso, integra las espinacas y revuelve un poco.

Calienta las tortillas de harina, pon un poco del puré de papas y queso al gusto, dobla la quesadilla y embarra con mantequilla derretida para que esto ayude a que la superficie de la tortilla se dore.

Acompaña con tu salsa favorita y disfruta.

Postres

Empanaditas de mermelada casera de piña

Hace unos días comenzó a llover en mi ciudad, y eso, en automático, provocó en mí el inevitable deseo de hornear. Tenía en mi refrigerador una piña bastante grande y madura que debía ser consumida a la brevedad, ya que, de lo contrario, se iba a echar a perder. Esa fue la razón por la cual surgió la receta que les comparto en esta publicación.

La mermelada casera de piña tiene un sabor riquísimo, incomparable con la mermelada comercial. Solo necesitas ver los ingredientes para darte cuenta de lo que te digo. Por otro lado, en lo que respecta a la masa, te cuento que no lleva polvo de hornear, huevo ni leche, pero aun así el sabor es delicioso y casi se desbarata en la boca.

Te sugiero que refrigeres la mermelada unas horas antes de utilizarla para que tome una consistencia más espesa y así no se salga de las empanadas. Por otro lado, también te recomiendo que no pongas demasiado relleno en tus empanadas para evitar el mismo problema.

Ingredientes:

  • 4 tazas de piña natural finamente picada (cuida que esté madura y no uses el centro de la piña porque es fibroso)
  • 2 tazas de azúcar (no bajes la cantidad por amor a Dios)
  • 3 cucharadas de agua
  • 1 trozo de canela
  • 2 cucharadas de jugo de limón
  • 2 clavos de olor
  • 2 cucharadas de maicena
  • 3 cucharadas de agua
  • 3 tazas de harina de trigo (375 g)
  • 1 pizca de sal
  • 1 barra de 180 g de queso crema a temperatura ambiente
  • 339 g de mantequilla a temperatura ambiente
  • 1 cucharada de vainilla
  • 3/4 de taza de azúcar para revolcar las empanaditas
  • 1 cucharadita de canela en polvo para revolcar las empanaditas

Preparación:

Pon una olla mediana a fuego alto y añade la piña picada, el azúcar, la canela en raja, el agua, el jugo de limón y los clavos de olor. Revuelve un poco, coloca la tapa y deja que hierva durante 15 minutos. Después, quita la tapa y revisa la mezcla; si prefieres, puedes procesarla ligeramente con una batidora de inmersión.

Aparte, vas a revolver las tres cucharadas de agua junto con la maicena hasta que no queden grumos. Esta mezcla se la vas a agregar a la olla donde pusiste la piña. Vas a revolver y continuar la cocción por otros 20 o 30 minutos más a fuego bajo. La idea es que la mermelada espese.

Posteriormente, vas a reservar la mermelada en un recipiente. Espera a que alcance la temperatura ambiente y, después, refrigérala hasta el momento de usarla.

Para la masa, basta con mezclar todos los ingredientes hasta que no queden grumos. Te sugiero que tanto la mantequilla como el queso crema estén a temperatura ambiente para facilitarte el trabajo de amasado.

Forma bolitas de masa de unos 4 cm de diámetro y aplástalas hasta formar un círculo. Yo me auxilio de una tortilladora; cuida que la masa no quede muy delgada. Posteriormente, pon un poco de mermelada en el centro del círculo y ciérralo para formar tu empanada. Puedes cerrarla con ayuda de un tenedor o haciendo un repulgue, como se ve en el video.

Coloca una charola con papel para hornear, dejando una ligera separación entre cada pieza, y lleva al horno a 180 °C por 25 minutos. Estas empanaditas no toman mucho color. Una vez que salen del horno, es importante pasarlas por una mezcla de azúcar y canela en polvo para que se adhiera. Si haces esto cuando ya están frías, el azúcar no se quedará en la empanada.

Bebidas

Agua fresca de pepino, piña y limón

En México, las paleterías son negocios familiares tradicionales que ofrecen una gran variedad de delicias para combatir el calor. Además de las clásicas paletas heladas, podemos encontrar helados, fresas con crema, botanas y, por supuesto, las famosas «aguas frescas«.

En temporada de calor, cuando las temperaturas alcanzan los 40 grados centígrados, estos negocios se convierten en un verdadero oasis de frescura. Entre las aguas frescas más populares, destacan aquellas que no contienen lácteos y que se elaboran con frutas ácidas, como la piña y el limón.

Hoy quiero compartir contigo una receta de agua fresca que combina lo mejor de tres ingredientes: pepino, piña y limón.

INGREDIENTES:

  • 2 tazas de piña madura
  • 2 tazas de pepino persa en rebanadas
  • 2 cucharadas jugo de limón
  • Endulzante al gusto y del de tu preferencia (yo use azúcar)
  • 2 tazas de agua para licuar los ingredientes
  • 1 litro más de agua para completar
  • 4 tazas de hielo
  • 1/2 taza de pepino persa picado finamente
  • 1/2 taza de piña picada finamente

PREPARACIÓN:

  1. Licua dos tazas de piña natural en trocitos, dos tazas de pepino persa con todo y cascara, el jugo de limón, el endulzante de tu preferencia al gusto y dos tazas de agua.
  2. Pasa la mezcla por un colador y de alli directo a una jarra con hielo; agrega un litro más de agua, el pepino y la piña picados y revuelves.
  3. Sirve en un vaso y disfruta.
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Gelatina de yogurt con salsa de frambuesas

El gran descubrimiento de la gelatina de yogurt con crema.

Hace unos meses, estaba en una de esas semanas donde todo parece ir de prisa. Tenía varios videos que grabar, editar y publicar, además de mi vida personal, que a veces puede parecer un torbellino. Fue durante una de esas tardes caóticas cuando ocurrió este delicioso descubrimiento.

Tenía planeado preparar una gelatina tradicional para un video. Ya saben, la típica gelatina de sabores que todos conocemos y amamos desde niños. Pero, para mi sorpresa, al abrir la alacena, me di cuenta de que no tenía suficiente gelatina de sabores.

Decidida a no dejarme vencer por la situación y con el reloj en mi contra, busqué en el refrigerador y encontré un bote de litro de yogurt natural griego que estaban a punto de caducar. En ese momento, una chispa de inspiración llegó. Lo cierto es que gelatinas de yogur hay muchas pero si les soy sincera a mi me gustan más cremosas aun cuando tienen ingredientes lácteos por lo cual pensé en mezclarla con un poco de crema ácida.

Sin pensarlo dos veces, me puse manos a la obra. Tomé un poco de agua y disolví la gelatina sin sabor, aparte mezclé el yogurt con la crema para darle ese toque cremoso que estaba buscando. Ambos ingredientes son bastante espesos y si solo los mezclaba el resultado sería burdo; por otro lado si los mezclaba en la licuadora el resultado sería integrar burbujas de aire a la mezcla, cosa que no quería. Finalmente me decidí a calentar un poco, si, solo un poco la mezcla. Aclaro esto porque es importante que el calor sea suave y que no llegue ni cerca de hervir porque la mezcla se cortaría y aparte el yogurt perdería sus propiedades.

Si bien, el yogurt ya tiene un poco de azúcar, la crema no; razón por la cual añadí un poco más aunque esto es opcional te recomiendo que lo hagas, ya que no queda empalagosa y se trata de un postre.

Unas horas después, saqué el molde del refrigerador con una mezcla de nervios y emoción. Al voltear la gelatina en un plato, me sorprendió su textura cremosa. La primera cucharada fue una revelación: la gelatina de yogurt era simplemente deliciosa. Tenía la perfecta combinación de cremosidad y ligereza, con un toque de dulzura que no era abrumador.

Este inesperado éxito me llevó a experimentar aún más, añadiendo una salsa de frambuesas que era lo que tenía ese momento disponible pero podría ser el mismo proceso con zarzamoras o fresas. Pronto me di cuenta de que esta receta era un 10 y se había convertido en una de mis favoritas.

Hoy, quiero compartir con ustedes la receta básica de esta maravillosa gelatina de yogurt, para que también puedan disfrutar de este delicioso descubrimiento.

Ingredientes:

PARA LA GELATINA
– 1/2 taza de agua
– 28 g de grenetina
– 1 litro de yogurt griego con azúcar (yo use yoplait)
– 500 g de crema ácida (yo use Alpura)
– 3/4 de taza de azúcar
– 1 cucharadita de vainilla

PARA EL COULIS DE FRAMBUESA (SALSA DE FRAMBUESA O MERMELADA LIGERA)
– 1.5 tazas de frambuesas frescas o congeladas
– 1/2 taza de jugo de naranja sin semillas
– 3/4 de taza de azúcar

– un poco de aceite para engrasar tu molde

Preparación:

  1. Comienza disolviendo la grenetina o gelatina sin sabor en el agua que debe de estar ya sea temperatura, ambiente o fría, revuelve hasta que no queden grumos y reserva.
  2. En una olla mediana a fuego bajo, integra el yogurt, la crema, el azúcar y la vainilla. Revuelve, asegurándote de que los ingredientes se integren muy bien y de qué no queden grumos. Es muy importante que vigiles que no hierva, es suficiente con que se calienta un poco, de esta manera se disolverán los grumos, pero sin afectar las propiedades del yogurt y sin cortar nuestra mezcla.
  3. Una vez que los ingredientes se hayan mezclado y calentado un poco, le vas a pagar al fuego y vas a agregar la grenetina que ya debe de estar hidratada, gracias al calor residual la grenetina se va a fundir, revuelve muy bien para que la grenetina se distribuya por el resto de los ingredientes.
  4. Aparte engrasa, un molde con un poco de aceite, yo utilicé uno en aerosol, pero puedes mojar una servilleta de papel con un poco de aceite y pasarla por la superficie interior de tu molde, esto servirá para la hora de desmoldar. Vuelca la mezcla de tu gelatina en el molde y lleva al refrigerador hasta que cuaje por completo, eso le tomará alrededor de cuatro horas.
  5. En lo que esperas a que la gelatina cuaje, puedes ir preparando la salsa de frambuesa. Para ello, vas a poner todos los ingredientes en una olla pequeña a fuego medio hasta que comience a hervir. Luego, machaca un poco para que las frambuesas suelten su jugo. Deja que hierva por alrededor de 15 minutos o hasta que espese un poco. Posteriormente, pasa por un colador para retirar las semillas y así obtener una mezcla sedosa. Finalmente, vuelca en un pequeño recipiente, cúbrelo con plástico y llévalo al refrigerador hasta que se llegue el momento de servir.
  6. Cuando la gelatina haya cuajado puedes desmoldar, yo te sugiero que coloques sobre un plato, al que le puedes poner un poco de agua para que una vez que la gelatina haya caído sobre el plato, esta se pueda deslizar acomodar en el centro.
  7. Cuando estés listo para degustar la gelatina, puedes vaciar la salsa de frambuesa en la superficie, y de esta manera dar un aporte de color y sabor.

Espero que disfruten tanto como yo esta receta de gelatina de yogurt. A veces, las mejores creaciones nacen de la improvisación y la necesidad de innovar. ¡No olviden suscribirse a mi canal de YouTube para más recetas e historias culinarias!

Hasta la próxima,
Alejandra.

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CheeseCake Tortuga

Hace un par de semanas decidí junto con mi esposo adquirir una membresía de una cadena Costco, estábamos en búsqueda de llantas para nuestro auto y supimos que tenían una promoción que nos pareció buena; compartí en mis redes sociales algunas historias y rápidamente recibimos mensajes donde nos decían lo buenos que eran los postres de ese lugar.

Fui un poco escéptica en este tema ya que no soy muy fanática de los postres de supermercado, pero fueron tantos los comentarios acerca de un postre en particular que decidí comprarlo para recrear la receta en el canal de YouTube.

Asi que finalmente aqui esta la receta, debo decir que el de Costco es muy bueno y por si fuera poco es muy accesible pero puede que sea el caso que quieras hacerlo en casa.

Cheesecake Tortuga (para molde de 23 cm)

INGREDIENTES:

– 1 1/2 tazas de galletas molidas (yo use Marías doradas)

– 1/4 taza de mantequilla derretida (50 g)

– 670 g de queso crema a temperatura ambiente

– 1 taza de azúcar (200 g)

– 3 huevos

– 1 cucharada de vainilla

– 1 taza de crema para batir

– 3/4 de taza de nueces tostadas

– 24 caramelos suaves de leche

– 1 cucharada de crema batida para el caramelo

– 3/4 de taza de chispas de chocolate semiamargo

PREPARACIÓN:

Comenzamos con la Base de nuestro cheesecake

1.- En un recipiente añadimos la mantequilla derretida junto con las galletas molidas, mezclamos y reservamos.

2.- A continuación en un molde de 23 cm. de diámetro (de preferencia desmontable) colocaremos papel encerado o papel para hornear en la base de nuestro molde, para facilitar a la hora de desmoldar. Recortamos los excesos o contornos del papel que sobre salgan del molde.

3.- Agregamos la mezcla de galleta trituradas con mantequilla en nuestro molde y con ayuda de una espátula distribuimos y aplanamos la mezcla uniformemente por toda la base del molde, procurando nos quede del mismo grosor y reservamos.

4.- En un recipiente grande añadimos el queso crema junto con él azúcar y batimos Durante 3 minutos para acremar.

5.- Enseguida integramos los 3 huevos añadiendo uno a la vez, hasta que se integre el primero agregamos el segundo y así mismo hacemos con el tercero.

Nota: Importante que los huevos se encuentre a temperatura ambiente; de lo contrario si los huevos estan fríos al incorporarlo con el queso esto puede formar grumos.

6.- Hacemos una pausa y con ayuda de una espátula raspamos las paredes del recipiente para garantizar que todos los ingredientes se incorporen correctamente en la mezcla y batimos por unos segundos mas.

7.- Agregamos la vainilla y la crema para batir y batimos por 2 a 3 minutos a velocidad media y reservamos.

8.- Vamos a prepara ahora el baño Maria el cual necesita una charola con altura suficiente para contener el agua necesaria para que quede a una tercera parte de la altura del molde; adicionalmente te sugiero que recubras el exterior del molde con papel aluminio para asegurarte de que no haya filtraciones. ( ver fotografía)

9.- Enseguida agregamos nuestro relleno y con ayuda de una espátula distribuimos y nivelamos.

10.- Ahora agregamos agua, esta debe ser la suficiente para cubrir una tercera parte del la altura de nuestro molde.

11.- Ahora sí llevamos al horno (este debe de estar precalentado a 160ºC ) durante 60 a 70 minutos.

12.- Una vez transcurrido el tiempo de cocción apagaremos el horno y abriremos solo un poco la puerta de este para que la temperatura comience a descender gradualmente. (es importante que este se enfríe de forma gradual para evitar se formen grietas en la superficie). Aproximadamente dejarlo de 30 a 45 min.

13.- Ahora si lo sacamos del horno y lo dejamos unos 15 a 20 fuera del horno hasta que quede a temperatura ambiente y lo llevamos al refrigerador por al menos 4 horas.

14.- Después del tiempo de refrigeración procedemos a desmoldar y colocarlo sobre un plato o base.

Para la cubierta «tortuga» haremos lo siguiente:

15.- En seguida vamos a poner una olla a fuego bajo y allí pondremos los caramelos junto con la cucharada de crema y mezclaremos hasta formar un caramelo. Reservamos.

16.- Colocamos una olla pequeña a fuego bajo y añadiremos el chocolate para derretir ya sea en tablillas, trozos o en chispas. (yo use chocolate semi-amargo en trozos).

Nota: puedes derretirlo en el horno de microondas en lapsos o intervalos de 20 segundos. Lo colocas 20 segundos, lo sacas y bates o revuelves un poco, lo vueles a ingresar por 20 segundos más hasta tener un chocolates liquido o fluido.

También lo puedes derretir a baño Maria.

17.- Una vez teniendo listo el caramelo y el chocolate derretidos vamos a colocarlos a cada uno dentro de una manga de pastelera, esto nos ayudara al momento de decorar y montar sobre el cheesecake.

Procedemos con la decoración de nuestro cheesecake tortuga

18.- Iniciamos la decoración con trazos o lineas de caramelo, esto para que nos ayude a que las nueces se queden pegadas (el caramelo hay que trabajarlo tibio o caliente, ya que de lo contrario se volverá mas espeso y difícil de trabajar).

19.- Sobre el caramelo decoramos con nueces y trocitos del mismo chocolates que utilizamos para derretir.

32.- Ahora decoramos con lineas o trazos de chocolate derretido.

Listo, si has llegado hasta este punto habrás completado esta belleza de postre.

Te dejo el video con la receta.

No te olvides seguirme en mis redes INSTAGRAM: @alejandra.de.nava

Puntuación: 1 de 5.

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Bienvenidos

Pues resulta ser… que por fín me tome esto en serio, decidí iniciar mi página web. «Wow Alejandra, ¿en serio? pero no es la gran cosa» podrán decir muchos pero para mi es un logro y decido celebrarlo porque lidiar con la procrastinación, mantener la disciplina y constancia es una decisión de todos los días. Hacer una pagina web es fácil pero es aun mas facil no hacerla y así pasa con casi todo.

Me he descubierto haciendo planes maravillosos y los llevo en un cuaderno pequeño que me compre en una tienda de estas chinas, pero en serio un cuadernillo es lo de menos cuando se tiene el compromiso de hacer las cosas; pero buscaba excusas inconscientemente para no comenzar; esto que estoy haciendo ahora mismo, escribir, es terapéutico porque me doy cuenta que asumo la responsabilidad de haber postergado los planes, los sueños, los proyectos y bueno, una vez que eso sucede el siguiente paso es poner manos a la obra.

Experiencia en páginas web no tengo pero se que, como todo, al inicio será retador y conforme le tome gusto a esto iré mejorando así que les pido paciencia.

Lo primero es que quiero ir migrando las recetas que ya tengo en el canal de YouTube a esta página para que tengan el listado de ingredientes, procedimiento y detalles de cada platillo por escrito y con imágenes en su versión imprimible.

Nada más para finalizar, en este momento hago el corte imaginario del listón rojo que inaugura esta página, sean bienvenidos entonces y gracias por leerme.

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Cómo lidiar con los comentarios de la “mamá perfecta”

Hay un fenómeno universal en la maternidad: siempre habrá alguien que “sabe más que tú”. Esa señora —vecina, comadre, tía, amiga o desconocida en redes sociales— que lleva la medalla de mamá perfecta bien colgada en el pecho (autoimpuesta, claro) y está dispuesta a recordarte en cada oportunidad que lo tuyo nunca es suficiente.

Y lo peor es que no hay manual. No importa si diste pecho, si diste fórmula, si cocinas todo orgánico o si sirves nuggets de la bolsa… siempre habrá un comentario. Siempre.

🚫 El mito de la mamá perfecta

Spoiler: no existe. La “mamá perfecta” es un invento colectivo que se alimenta de comparaciones, culpas y juicios.

Y ojo: no siempre lo hacen con mala intención. De hecho, muchas veces nosotras mismas hemos estado ahí. A veces se nos hace fácil presumir un logro de nuestros hijos o de nuestra organización como mamás, sin pensar que esa otra mujer frente a nosotras quizá está librando una batalla interna. No siempre se trata de herir, sino de una manera inconsciente de buscar validación o de compartir nuestra experiencia.

¿Eso justifica que incomoden? No. ¿Lo explica? Sí. Y entenderlo es el primer paso para no engancharte.

🤯 Mi experiencia (porque yo también he estado ahí)

No te voy a mentir: yo también he sentido ese coraje cuando alguien opina de mi maternidad, de mi casa o de mis decisiones. Antes me lo guardaba y me hacía un nudo en el estómago. Hoy, gracias a muchas horas de terapia (y a meter la pata las suficientes veces), entendí que mi paz mental vale más que un debate con la vecina o la tía.

Y también reconozco que yo misma he sido esa mamá que, sin querer, pudo hacer sentir mal a otra con un comentario que yo veía inocente. Esa conciencia me ha enseñado a elegir mejor mis palabras y a empatizar más.

💡 Estrategias para lidiar con la mamá perfecta

Aquí te van tips prácticos, probados en el campo de batalla de las sobremesas familiares y los comentarios en redes sociales:

El arte del “ajá” Una sonrisa, un “ajá” y cambiar de tema. No todo merece tu energía. El escudo del sarcasmo Comentario: “Yo jamás le daría eso a mis hijos.” Respuesta: “¡Qué suerte tienen tus hijos de haberte tocado a ti como mamá! Los míos no corrieron con la misma fortuna.” Humor + ironía = conversación terminada. Pon límites con cariño Si es alguien cercano y constante, vale la pena decir: “Aprecio tu intención, pero prefiero hacer las cosas a mi manera.” Cortés, pero firme. Recuerda: no es personal Muchas veces esas mujeres están peleando con sus propios fantasmas. Y otras veces simplemente no miden el efecto de sus palabras. Construye tu red real Acércate a mujeres que te nutran, que te inspiren y que te recuerden que no estás sola. Esa comunidad vale oro.

✨ Quédate con esto

Ser mamá no es un concurso. No hay jueces, no hay medallas, no hay eliminatorias. Lo único real es el amor y el esfuerzo que pones cada día en tu familia.

Y si alguna vez tú misma caes en el papel de “mamá perfecta”, respira, reconoce y recuerda: también estamos aprendiendo a ser mejores con nosotras mismas y con las demás.