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Recetas copiadas: ¿inspiración, coincidencia o copy-paste con descaro?

En días recientes, la comunidad de cocina en redes estuvo en fuego alto por un chisme internacional que, más allá del morbo, nos deja mucho para reflexionar. Una repostera americana publicó un recetario digital que se volvió viral… y millonario. Tan millonario que se estima vendió cerca de 4 millones de dólares (sí, con seis ceros).

Hasta ahí todo bien. El problema fue cuando una creadora australiana levantó la mano y dijo: Oigan, esas recetas son mías. Literalmente mías. Copiadas palabra por palabra. No adaptadas, no inspiradas, no reinterpretadas. Tal cual. Copy, paste y a vender.

Ahora bien, técnicamente las recetas no se pueden registrar con derechos de autor (a menos que hablemos de la redacción o el formato del libro). Pero aquí el asunto no es legal. Es ético. Porque una cosa es que varias personas tengamos versiones parecidas de una receta de brownies —porque seamos realistas, los ingredientes no son secretos militares—, y otra muy distinta es que alguien tome tu receta, tu redacción, tus instrucciones paso a paso… y lo publique como si lo hubiera creado desde cero, con cara de chef iluminada por la inspiración divina.

Y aquí va mi postura (por si quedaba duda):

Sí, las recetas se pueden compartir. Si la receta está copiada íntegramente asegúrate de dar los créditos, pero si se trata de un recetario con el que generarás alguna ganancia, procura darle tu toque, adaptación y estilo, por ética, no por temas legales en los que te puedas meter, escudarse en eso es un argumento pobre.

Ahora bien, también quiero decir algo que para mí es importante, porque sería muy fácil subirme a este tren de indignación y hacer como que yo siempre lo he hecho perfecto. Y no.

Yo también cometí ese error.

Cuando empecé a crear contenido, muchas veces subía recetas que venían de libros, de otras creadoras, de blogs o de mi mamá… y no me tomaba el tiempo de dar crédito. No lo hacía con mala intención, pero tampoco con la conciencia que tengo ahora. En ese momento, no veía el trabajo detrás. No entendía el valor que tiene una explicación bien pensada, una foto paso a paso, un texto claro. Lo aprendí con los años, cuando vi el esfuerzo que implica crear contenido propio y original. Y cuando me di cuenta de lo feo que se siente que alguien lo copie sin mencionar ni una palabra.

Así que esta conversación también es una invitación a revisar nuestros propios hábitos como creadoras y como audiencia:

¿Hasta dónde es válido inspirarse en otras recetas?

¿Hay dueños de las recetas?

¿Deberíamos dar crédito cuando tomamos ideas de alguien más?

¿O vivimos en la era de “todo es de todos porque es internet”?

Yo, personalmente, creo en compartir, en inspirarnos unas a otras, en dar ideas, en mostrar nuestro sazón. Pero también creo en el respeto al trabajo ajeno. En el “oye, esta receta me inspiró fulanita”, o “vi algo parecido en tal blog y lo adapté a mi estilo”.

Y porque en esta era de cancelaciones, un copy-paste malintencionado puede costarte mucho más que una receta robada: puede costarte tu reputación.

¿Y tú qué opinas?

¿Te parece que las recetas deben compartirse libremente?

¿Crees que hay que dar créditos o eso es exagerar?

¿Tú qué harías si ves que alguien copió tu trabajo sin mencionarte?

Cuéntamelo aquí o en redes. Me interesa saber tu postura, y también saber que no soy la única que ha aprendido (a veces por las malas) el valor de hacer las cosas con ética.

Firmado:

Alejandra, la señora que alguna vez copió sin saber… pero que ahora cuida el crédito como si fuera manteca buena: con respeto y sin desperdiciar.

2 thoughts on “Recetas copiadas: ¿inspiración, coincidencia o copy-paste con descaro?

  1. Pienso que si eres generador de contenido , si debes dar crédito si la receta es tal cual de otra persona , pero lo que yo haría , sería darle un toque personal y así termina el problema ético !

  2. El dar crédito o citar al autor debe de ser prioritario en todos los aspectos, no puedes ir por la vida tomando o copiando todo lo que esté a tu paso sin reconocer el trabajo del autor.

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